KILO Restaurant (Balmes, 165)

El restaurante Kilo fue el elegido el sábado pasado para celebrar entre amigas los cumpleaños de dos de nosotras.
Leí una reseña en el “Què fem?” de la “La Vanguardia” y lo propuse como opción. La verdad es que no nos defraudó en absoluto.
Kilo está llevado con mano experta por el chef  Manu Martín, formado en CETT y con diferentes estancias en  lugares emblemáticos como Arzak, Ca l’Isidre o Neri, y su mujer Clara Aracil. Ambos ya tenían un restaurante en St.Cugat, el Qubud, que regentaron durante 9 años.
El local está situado en la calle Balmes, 165 y está a tiro de piedra de la Avenida Diagonal.
Kilo ocupa un local luminoso y acogedor, en el que predominan los tonos crema y algún detalle provenzal.
El lugar está lleno de mensajes positivos y divertidos (“Come y bebe que la vida es breve” o “Tripa vacía, corazón sin alegría”. Y es que el interiorismo ha corrido a cargo de los creativos y artífices de Mr.Wonderful, Angie y Javi, un joven matrimonio de diseñadores gráficos.
El servicio es muy joven, atento y correcto.
El tiempo de espera entre plato y plato fue impecable y estuvo muy bien coordinado.
La cristalería, desde mi punto de vista, es mejorable. No me acabaron de convencer las copas de vino (algo pequeñas) ni las de cava. Unas copas Schott Zwiesel o Riedel siempre confieren un aire especial a una mesa. Pero, por supuesto, eso es una cuestión de gustos personales.
El pan que sirven es de Triticum.
Nos decidimos por pedir varios platillos para poder probar un poco de todo. Acompañamos la cena con dos botellas de cava Bertha, sugerencia de mi amiga Núria Zaragoza, para acompañar la cena. El precio de la botella (20 euros) nos pareció más que razonable.
Destacar que el chocolate que utilizan en los postres es Valrhona, mi chocolate favorito.
La carta de vinos no es demasiado extensa e imagino que la irán ampliando con el paso del tiempo.
Hablamos, en definitiva, de una cocina en la que predominan los productos de calidad, sin artificios ni disfraces innecesarios.
Pedimos las croquetas caseras de gallina y jamón ibérico (soberbias), los buñuelos de bacalao (siento decir que muy aceitosos y, con poco sabor a bacalao), el pincho de berenjenas con miel de caña (una especie de chip de berenjena increíblemente rica), el pan de coca con tomate y aove y unas minipizzas de boletus y flores deliciosas.
Los segundos fueron el arroz cremoso de gambas, un arroz meloso del día generosamente rematado con tuber melanosporum que rallaron “in situ”, y que inundó la mesa de su fantástico olor, y unos kebab de secreto ibérico con cebolla caramelizada y foie que venían acompañados de unas patatitas fritas, muy, muy buenos. Los puntos de cocción de los arroces, perfectos.
Probamos dos postres: “La magia del chocolate”, formado por una bola de chocolate que lleva en su interior una pequeña porción de brownie de chocolate y fruta de la pasión. Lo sirven entero, y lo riegan con chocolate caliente, de manera que la bola se deshace dejando al descubierto su interior. El aroma que desprende es increíble.
Tomamos también una sopita de lichis con helado de coco, que nos encantó.
El precio medio por persona está en torno a los 30-35 euros.
Destacar que sirven un menú de mediodía, marcado a 14,90 euros.
Para rematar la comida, ofrecen unos mini gin tonics que nosotros no probamos, marcados a 5 euros.
Kilo es un lugar absolutamente recomendable y, desde luego, por mi parte, merece alguna visita más. Aún quedan bastantes platos por descubrir.
Si siguen en la línea de honestidad con el cliente, buen producto y servicio atento y amable, tienen todos los números para consolidarse como lugar de referencia del buen comer a precios razonables en una ciudad como Barcelona, donde la competencia es elevada.

 

La carta, idea de los creativos de Mr.Wonderful
El cava Bertha Brut Nature
Pan de coca de Triticum
Croquetas caseras de gallina y jamón iberico
Me llamó la atención su interior cremoso, casi líquido
Los buñuelos de bacalao
Minipizza de Boletus
Pincho de berenjenas con miel de caña
Kebab de secreto ibérico con cebolla caramelizada y foie
Arroz cremoso de erizo de mar
Detalle del ejemplar de Tuber melanosporum con el que espolvorearon uno de los arroces
Arroz meloso con tuber melanosporum
Sopita de lichis con helado de coco
“La magia del chocolate”

 

Aspecto final del postre, una vez fundida la bola inicial