Restaurant Casa Conxita (Provença, 213)

Cuando la familia Reboll abrió su primer negocio de hostelería a principios de los 40 del siglo pasado, poco podían imaginar el futuro que les esperaba. La Bodegueta, buque insignia de la familia, es uno de esos locales emblemáticos que forman parte del paisaje urbano de una de las zonas más bellas del Eixample barcelonés, la Rambla Catalunya. Frecuentado desde siempre por gente local y turistas, es uno de los destinos favoritos del vermú de los fines de semana.

La expansión del negocio familiar, iniciada hace menos de 10 años con la apertura de un segundo local, La Bodegueta de Provença, continúa con un tercero, Casa Conxita, que es el que visitamos el pasado sábado.

Casa Conxita está situado en el número 213 de la calle Provenza. El local, decorado en tonos claros y con predominio de la madera, no es excesivamente grande. Sus escasas diez mesas, lo convierten en un lugar acogedor y cálido. Ofrecen cocina de mercado y tapas. En su ecléctica carta, podemos encontrar preparaciones de orígenes diversos. Cocina sin estridencias que, a mi modo de ver, resume en su carta los platos que más presencia tienen en los sitios actuales de tapas. Así, podemos encontrar desde tapas clásicas, como las bravas o un jamón de bellota de Extremadura, hasta un guacamole, un humus de remolacha o un ceviche de corvina, dentro del apartado de primeros. Cuando hablamos de segundos o platos más contundentes, nos encontramos con clásicos como un solomillo con salsa Café de París, un tataki, un bacalao o una costilla de Black Angus.

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En nuestra selección de primeros, comimos unas alcachofas confitadas -perfectas de cocción-, un hummus de remolacha con crème fraîche y un ceviche de corvina.

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Los segundos elegidos fueron un pulpo con panceta -pareja ya habitual y que en este caso estaba muy bien resuelta-, un tataki -punto perfecto y excelente producto- y la costilla de Black Angus, realmente sabrosa, en su punto justo y, para mí, el plato estrella de la noche.

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Los postres: un cheesecake clásico muy rico y una tarta de limón y merengue muy refrescante.

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En definitiva, una cocina sin pretensiones, a precios contenidos, con un buen producto y un servicio excelente, que puede resolver una cena o una comida a gusto de todos, en un mismo local. Otro punto positivo a tener en cuenta, es la selección de cócteles -a precios imbatibles- que nos permite alargar la sobremesa sin tener que cambiar de lugar.