Sant Antoni Gloriós (Manso, 42)

Aún recuerdo la “espantá” de Fran G Manduley (Mandu), alma del ya extinto Bohemic Bistro, hará casi dos años.
Mandu siempre me pareció el “enfant terrible” de la escena gastronómica barcelonesa. Yo tan intensa y él tan visceral, habíamos tenido algún desencuentro en redes sociales, ya ni recuerdo por qué.
El caso es que, tras dar ese portazo y asegurar que se iba de Barcelona para instalarse en Tailandia, finalmente, se quedó en la ciudad, que le dio un éxito más que merecido en Bohèmic.

18527857_10155327206497628_5197749318373511720_n

Ayer nos reencontramos con un Mandu más sereno, más tranquilo y también muy ilusionado con el nuevo proyecto, Sant Antoni Gloriós, que a buen seguro le dará muchas alegrías. A mí me parece un modelo de negocio muy interesante, de pequeño formato y, desde luego, más rentable que un restaurante al uso. Todos los que visitamos Bohèmic en el pasado, sabemos perfectamente el nivel de cocina que ofrecía Mandu. Yo estoy segura de que, una vez asentada esta bodega/vermutería, podrá dedicar una parte de la carta a dar rienda suelta a su creatividad, sin la presión que sentía en el pasado.

 

18425471_10155327206887628_1604602217600283872_n
Tras asociarse con Joan Carles Ninou de Xampanyet, han cambiado el antiguo aspecto de bistró por el de una bodega/vermutería moderna, con mesas y sillas altas y una gran barra de mármol, en la que están dispuestas algunas tapas frías y conservas en lata.
La carta es corta, pero -al menos de momento- más que suficiente para salir más que satisfecho con el nivel de platillos que ofrecen.

Esta se divide en cuatro apartados: Charcutería (embutidos y quesos), De Bodega (“laterío” del rico, como bonito, mejillones, anchoas) La barra del yayo ( bravas, rusa, garbanzos con gambas o carrillera guisada) y La barra del nieto (albóndigas ibéricas o la deliciosa caballa con yogur). Hay un brevísimo apartado de postres (torrija con nísperos, yogur con manzana al horno, borracho glorioso y un flaó mediterráneo).
Por supuesto, pedimos las ya míticas bravas del antiguo Bohémic, que siguen gustándome tanto como el primer día, y que a mí siempre me parecieron las mejores de la ciudad. Todos sabéis que me parece un sacrilegio ponerle all-i-oli a las patatas bravas, ya que, para mí gusto, con la salsa roja es más que suficiente. No voy a entrar en discusiones sobre la ortodoxia de la elaboración de las patatas bravas en Barcelona y esa manía de bañarlas en una potente salsa cargada de ajo, que hace que desaparezca el sabor de las patatas. Pero, si por algo siempre me conquistaron las de Mandu, fue porque la mayonesa blanca que las acompaña es muy neutral de sabor y casa perfectamente con esa salsa de pimentón rojo tan particular, cuyo secreto le robaría de buena gana. Soberbias -corte, punto de fritura- como siempre. Quizás algún día le pida que me las sirva sin mayonesa…

18447337_10155327206292628_713579498399764116_n

La caballa con yogur y ají amarillo, me pareció una de las preparaciones más ricas que he probado en los últimos tiempos. Jamás compro este pescado azul, aún gustándome mucho, para hacerlo en casa, porque soy una absoluta inepta a la hora de prepararlo. Así es que cuando lo encuentro tal y como nos lo sirvieron ayer, tan bien marinado, perfectamente desespinado, fresquísimo y con esa salsa (me chifla el ají amarillo) casi se me saltan las lágrimas de la emoción. Un plato para recordar y recomendar a todo aquel que vaya.

18447323_10155327206347628_3917611768051121175_n

La esqueixada, ese plato tan nuestro, al que Mandu da una vuelta de tuerca añadiéndole hígado de bacalao ahumado y consiguiendo darle un toque especial. Me encantó el contraste.

18447651_10155327206397628_1862762064592182857_n

El huevo frito del abuelo, que consiste en una base de botifarra del perol cocinada a baja temperatura, mezclada con una mayonesa ligerísima y un huevo pochado. Muy rico.

18446573_10155327206472628_2270320741161411621_n

No pedimos postres, y acompañamos las cuatro tapas con cerveza. Sirven Alhambra y Mahou Maestra de grifo.
Muy buena relación calidad/precio, buen producto, excelente servicio. África Fernández -mujer de Mandu- sabe dirigir la sala con gran acierto. Su simpatía hace que te sientas a gusto desde el primer momento.
¡Larga vida a Sant Antoni, de quien mi abuelo era un devoto absoluto, y muchos éxitos en esta nueva andadura!