Cuento de Navidad

Una semana antes de Navidad, en casa de los abuelos paternos de mi hija, se hacían kilos y kilos de pestiños.

Desde que tuve 18 años, formé parte de la “cadena de produccion” de estos dulces típicos de Extremadura, de donde son originarios los abuelos paternos de mi hija.
El Sr.Manolo-siempre llamé así al abuelo de mi hija- era quien se encargaba invariablemente de hacer la masa y formar los pestiños. Estaba absolutamente convencido de que nadie sería capaz de hacerlos como él los hacía.
Ella, la abuela, era quien los freía. Los demás-hijos,novias de los hijos e incluso mi hermana- éramos quienes los bañábamos en azúcar y los envasábamos en cajas.
El Sr.Manolo, empezaba a preparar la masa muy temprano para que, después de comer todos juntos, nos pusiéramos manos a la obra.
Aún recuerdo el olor a matalahúga, canela y aceite impregnando la casa, nuestras ropas y nuestros cuerpos.Recuerdo como si fuera hoy, las risas, las discusiones sobre si la masa había salido mejor o peor que otros años, el dolor de barriga – “Esther, no comas tantos pestiños calientes que te vas a poner mala”- y recuerdo sobre todo la alegría de un tiempo que ya no volverá.
Durante veintitrés Navidades, formé parte de esa bonita tradición.
El Sr. Manolo ya no está. El padre de mi hija, sigue haciendo honor a su padre cada año, reproduciendo fielmente la receta.
Y también, cada año, aunque ya no estamos juntos, sigue enviándome una cajita de estos dulces, para que los siga comiendo como siempre hice.
Estoy convencida de que el Sr.Manolo, allá donde esté, estaría orgulloso de su hijo. Mi memoria gustativa me dice que los pestiños que él hace son idénticos a los que hacía su padre.

¡Feliz Navidad!

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